No lleva escafandra de la NASA ni ha despegado aún de Cabo Cañaveral, pero Mariló Torres ya ha pasado más tiempo en «Marte» que la mayoría de los astronautas. Esta piloto y candidata a astronauta comercial acaba de hacer historia al convertirse en la primera mujer española comandante de una misión internacional mixta en la estación Mars Desert Research Station (MDRS), el hábitat análogo más prestigioso del mundo, financiado por Elon Musk y Buzz Aldrin. Durante catorce días, y junto a un equipo de cinco especialistas de cuatro países, ha vivido como una marciana más. CUERPO: La Mars Desert Research Station, ubicada en el corazón del desierto de Utah (EE. UU.), no es un plató de cine ni un parque temático: es el laboratorio de simulación espacial más exigente del planeta. Desde 2001, esta base gestionada por la Mars Society ha acogido a cientos de científicos que ensayan cómo sería la vida en el Planeta Rojo. Aquí no vale fingir: el aislamiento es real, las comunicaciones tienen veinte minutos de retraso (como en Marte) y si sales al exterior, lo haces con un traje presurizado lastrado con veinte kilos.
La misión Crew 328, desarrollada entre el 25 de enero y el 7 de febrero, ha estado comandada por Mariló Torres, piloto cordobesa con más de 2.000 horas de vuelo y una firme aspirante a volar al espacio de la mano de la empresa privada. Le acompañaban un ingeniero aeroespacial norteamericano, un profesor canadiense, una investigadora india y una astrobióloga brasileña. Todos ellos han convivido en un habitáculo de apenas ocho metros de diámetro, sin ducha diaria, con alimentos liofilizados y durmiendo en literas que más parecen taquillas.

Pero lejos de ser un simple ejercicio de resistencia psicológica, la misión ha tenido un alto componente científico. La tripulación ha cultivado semillas de tomate y rábano previamente expuestas a radiación y microgravedad en la Estación Espacial Internacional, utilizando un suelo químico que imita el regolito marciano. También han probado sobre su propia piel un innovador fotoprotector diseñado para contrarrestar el envejecimiento acelerado y los daños dérmicos provocados por la radiación cósmica, un problema aún no resuelto para las futuras misiones a Marte.
Además, el equipo ha colaborado con la NASA en un estudio conductual sobre el afrontamiento del aislamiento extremo. Mediante diarios personales y dinámicas de grupo, los cinco tripulantes han aportado datos clave para entender cómo prevenir el deterioro emocional en viajes de larga duración. Aunque por la MDRS han pasado ya dos misiones Hypatia (íntegramente españolas) y la biotecnóloga Alba Sánchez, ninguna mujer española había ejercido hasta ahora como comandante en una dotación mixta. «No es solo un hito personal, es una puerta que se abre para muchas niñas que sueñan con el espacio», declaró Torres al cierre de la misión.
Su siguiente desafío comenzará en pocas semanas. Mariló Torres iniciará su formación teórica como candidata a astronauta privada para Titans Space Industries, compañía estadounidense que planea operar estaciones espaciales comerciales en órbita baja. Si todo sale bien, la cordobesa pasará de simular Marte en Utah a mirar la Tierra desde la ventanilla de una nave.
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