El próximo 1 de agosto, a las 18:00 horas, en un acto organizado por la Associació RROMANIPE’S con el respaldo institucional del Memorial Democràtic, el Museo de Historia de Cataluña y el Departamento de Igualdad y Feminismos de la Generalitat, Barcelona alzará su voz —firme y emotiva— para recordar uno de los episodios más oscuros y silenciados del siglo XX: el genocidio del pueblo gitano durante el nazismo, conocido como el Samudaripen.
Esta conmemoración no es solo un acto de homenaje. Es, sobre todo, un grito contra el olvido. Una investigación del Departamento de Historia del Museo de Auschwitz documentó que la tarde-noche del 2 de agosto de 1944, entre 4.200 y 4.400 personas romaníes, entre ellas hombres, mujeres, niños y ancianos, fueron asesinadas en las cámaras de gas del campo de exterminio. Su único “crimen”: ser gitanos. Aquella masacre puso fin a la existencia del llamado “Zigeunerlager”, el campo gitano de Auschwitz-Birkenau, y forma parte de un proceso de exterminio más amplio que comenzó incluso antes de la Segunda Guerra Mundial.
El antigitanismo, sin embargo, no es solo parte del pasado. Como denuncian tanto los organizadores como los expertos en derechos humanos, se trata hoy de la forma de racismo más extendida y socialmente aceptada en los Estados miembros de la Unión Europea. Este acto quiere, por tanto, ser también una llamada de atención sobre una forma de discriminación estructural que, más de ochenta años después, sigue presente en los discursos, en las instituciones y en la vida cotidiana.
El evento arrancará con la bienvenida de Ricardo Valenti Gutiérrez, presidente de la Associació RROMANIPE’S, seguido de una encesa d’espelmes (encendido de velas) en recuerdo de las víctimas del Holocausto. Uno de los momentos más destacados será el recital del poema Memòries de Samudaripen, obra de la poeta y escritora romaní Voria Stefanovsky, cuya traducción al catalán ha corrido a cargo del antropólogo Josep Fornés Garcia. Esta intervención poética será interpretada por una potente puesta en escena a cargo de la actriz y directora de doblaje Pepa Arenós, junto con Ona Ramírez y Enerida Isuf, activista rromaní. La musicalidad del momento correrá a cargo de la violinista Violeta Paulina Sánchez, aportando una dimensión artística de gran carga simbólica y emocional.
La clausura institucional contará con la presencia de importantes representantes del ámbito cultural y político catalán: Jordi Font Agulló, director del Memorial Democràtic; Noa Monras, directora general para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos del Departamento de Igualdad y Feminismos; Jordi Principal i Ponce, director del Museu d’Història de Catalunya; y Pedro Aguilera Cortés, comisionado de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Barcelona.
Más allá de la solemnidad, este acto tiene la vocación de generar conciencia, de educar y de restituir. No solo recordar a las víctimas, sino reclamar para el pueblo gitano su lugar en la historia —una historia que durante décadas ha sido parcial, eurocéntrica y marcadamente excluyente. Como señala el propio título del poema homenajeado, se trata de recuperar las memorias del Samudaripen, de devolver la voz a quienes fueron condenados al silencio y a la desaparición.
Que el acto se celebre en Barcelona no es casual. Cataluña ha sido en las últimas décadas una de las comunidades más activas en la preservación de la memoria histórica desde una perspectiva inclusiva. En este sentido, la alianza entre instituciones públicas y organizaciones gitanas representa un paso importante hacia la reparación simbólica. Y no menos relevante es la implicación de agentes culturales, poetas, músicos y activistas, que dotan al evento de una dimensión artística imprescindible: la cultura como lenguaje de duelo, pero también como resistencia.
Frente a un contexto europeo donde resurgen discursos xenófobos y populistas, donde el odio racial se normaliza en determinadas esferas políticas y sociales, recordar el Samudaripen no es una opción: es una urgencia. Como cada 1 de agosto desde hace años, la comunidad romaní y sus aliados volverán a encender velas. No para cerrar heridas, sino para impedir que se abran otras nuevas.
Porque recordar no es solo mirar hacia atrás: es un compromiso con el presente. Y también con el futuro. Con el futuro de todos nosotros.











