El pasado viernes 10 de abril, la Universidad de Córdoba, junto a Fundecor y el Imdeec, juntaron en el Rectorado a estudiantes, directivas, empresarias y profesionales con una idea clara: que el liderazgo femenino no puede seguir siendo un accidente afortunado. Por eso nace GEN Lidera, un encuentro que va mucho más allá de una charla o un taller. Allí se vino a tejer alianzas, a aprender con las manos y a demostrar que el talento de las mujeres no sobra, lo que sobra es un sistema que no las incluye. Y eso, justo eso, es lo que han venido a rediseñar.
Rocío Muñoz Benito, directora general de Empleabilidad y Emprendimiento de la Universidad de Córdoba, cogió el micrófono aquel viernes 10 de abril y lo contó con palabras llanas, de esas que se entienden aunque no seas académica ni empresaria. GEN Lidera, explicó, no es un evento de usar y tirar. Se articula en varias líneas de acción que se parecen más a las raíces de un árbol que a fuegos artificiales. La primera línea es un programa de mentoría y prácticas para que las universitarias no se estrellen al salir al mundo real. Porque salir de la facultad con el título bajo el brazo está muy bien, pero si no hay quien te tienda la mano, quien te explique cómo funciona una reunión de trabajo o cómo se negocia un sueldo, el choque puede ser tan grande que muchas acaben tirando la toalla. De eso se trata la mentoría: de que una mujer que ya ha recorrido el camino acompañe a otra que empieza, sin postureo, con cariño y con exigencia. Y las prácticas, claro, no esas prácticas fantasma que no sirven para nada, sino oportunidades reales en empresas que de verdad quieren aprender del talento joven y también enseñar.
La segunda línea, siguió contando Muñoz Benito, son las sesiones formativas y los encuentros como el del viernes 10 de abril. Para que el talento femenino se vea, se toque, se contagie. Porque si no te ven, no existes. Y si no existes, no te contratan. Y si no te contratan, el sistema sigue igual, con las mujeres mirando desde fuera mientras los hombres deciden. Así que GEN Lidera se inventa para romper esa rueda. El rector de la UCO, Manuel Torralbo Rodríguez, no se anduvo con rodeos aquella mañana. Respaldó cada palabra de su directora general y añadió un compromiso que sonó a promesa en mayúsculas: la Universidad de Córdoba no puede vivir de espaldas al tejido productivo de la provincia si quiere hablar de igualdad de verdad. Porque la igualdad no es un eslogan bonito para colgar en una web institucional. Es sentarse en la mesa, escuchar a las empresas, preguntarles qué necesitan y luego volver a las aulas y cambiar los planes de estudio si hace falta. Eso es lo que Torralbo dijo, o al menos eso entendió quien escribe.
Luego llegó el turno de Blanca Torrent, presidenta del Imdeec, y con ella una bofetada de realidad dicha con voz calmada pero firme. Las mujeres, recordó, siguen siendo minoría en los puestos directivos. Y no, no es que no valgan. No es que no tengan currículums brillantes. No es que no trabajen el doble. Es que el sistema está diseñado de una manera, y esa manera no las incluye igual. Lo dijo exactamente así: «El sistema está diseñado de una manera, y esa manera no nos incluye igual». Torrent soltó esa frase y la sala enmudeció unos segundos. Porque es de esas verdades que duelen justo porque son evidentes. Y luego añadió lo que pocos se atreven a decir en voz alta: ese desequilibrio no es solo una injusticia, es una sangría económica. Talento que se pierde. Productividad que no se aprovecha. Crecimiento que se queda en el camino. Dicho de otro modo: cuando las mujeres no mandan, perdemos todos, también las empresas, también los hombres, también la ciudad.
El consejero de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, José Carlos Gómez Villamandos, cogió el relevo y lo remató. Las universidades, dijo, tienen la obligación de ser referentes sociales, no solo aulas donde se reparten títulos. Tienen que mojarse en el fomento del emprendimiento femenino, tienen que asumir el reto de formar a mujeres que no solo sepan aprobar exámenes, sino que sepan montar su propia empresa, liderar equipos, pelearse con los bancos y salir airosas. Porque el emprendimiento femenino necesita empuje institucional, sí, pero también necesita referentes visibles. Mujeres que hayan pasado por el mismo miedo y lo hayan convertido en éxito. Y esas mujeres estaban allí aquel viernes.
La mañana del 10 de abril fue un ir y venir de buenas conversaciones, de esas que te dejan mejor de lo que te encontraron. Lisa Martínez Gomis, directora de Ventas de Google Cloud, abrió el fuego con una ponencia titulada «Mujeres que impulsan el mañana: innovación y liderazgo en Google Cloud». Y no vino a contar cuentos bonitos. Soltó aprendizajes de verdad, de los que cuestan sudor y noches sin dormir, sobre cómo una mujer puede hacerse hueco en el sector tecnológico sin perder su esencia, sin convertirse en una mala copia de sus compañeros hombres. Luego llegó la mesa redonda más esperada del día: «Cómo las grandes empresas fomentan el liderazgo femenino». Subieron al escenario Yolanda Díaz, de Idea B3 Hubs, vicepresidenta de AMIT y senadora WBAF; Eva García, managing director en Nscale y colaboradora de Women to Top; María Inmaculada García, executive manager en NTT DATA; y Carolina Moratilla, directora global de Programas de Defensa Aérea y Espacial en Indra Sistemas. Cuatro mujeres con responsabilidades enormes que hablaron sin guion, con la voz un poco temblorosa a ratos y con la mirada firme. Contaron estrategias que funcionan en sus empresas, obstáculos que aún duelen y que no han logrado resolver del todo, y victorias pequeñas que, juntas, van abriendo camino. El cierre fue pura emoción. Anne Igartiburu, la presentadora que tantas tardes nos ha acompañado en la televisión, habló de liderazgo en coherencia con los valores propios. Porque si una no es fiel a sí misma, por mucho que mande, se desmorona con el primer golpe de viento. Y al final, GEN Lidera es eso. Un espacio para inspirarse, sí, pero también para llevarse contactos, ideas y ganas de seguir. Porque el liderazgo femenino no nace de la espera. Se empuja con mentorías, se diseña con alianzas y se sostiene con redes que no se rompen. En Córdoba, ya están haciéndolo. Y lo mejor es que esto no terminó el viernes 10 de abril. Acaba de empezar.


