RÍO CUARTO DE ALAJUELA, COSTA RICA – Entre los cipreses que se mecen como antiguos centinelas y la bruma que envuelve los nichos del cementerio, un hombre regresó de la sombra para hablar con voz firme y serena. Su nombre es Maynor Sánchez Alvarado, y su historia no nace en bibliotecas, sino entre tumbas. Allí, junto a su amada Kembly, vivió el vértigo de la adicción, durmiendo sobre la piedra fría, soñando con amaneceres que parecían esquivos.

En la sala comunal del pueblo, transformada en escenario de una pequeña liturgia, se presentó Clínica de la leve demencia, su más reciente obra, que continúa la senda de La universitaria que no quería vivir, pero esta vez más profunda, más íntima, más cercana a la herida que no cicatriza. Maynor no habla desde la distancia. Habla desde la experiencia: de las clínicas donde la gente llega pidiendo ayuda y es convertida en esclava, sin salario ni esperanza, bajo la mirada de quienes lucran con el dolor humano. La obra es memoria viva, fuego que quema y al mismo tiempo abraza.
Y allí, entre aplausos y silencios cargados de emoción, apareció Braulio Barrantes, niño prodigio del piano. Sus notas fueron un respiro de luz, un hilo que unía a los vivos con los fantasmas de los nichos. Cada acorde se filtraba en la piel, recordando que aún en la noche más densa hay lugares donde la inocencia puede tocar el alma y sostener la esperanza.
“Yo dormí en los nichos del cementerio, con Kembly. Allí soñábamos con un amanecer que no llegaba”, confesó el autor en entrevista exclusiva para MASDIARIO España. Sus palabras resonaban como un conjuro de resiliencia. El público, que alguna vez lo vio vagar perdido, hoy lo aplaudía de pie. No era solo un escritor; era un sobreviviente que convertía el dolor en literatura. Clínica de la leve demencia es denuncia, pero también abrazo. Es memoria de un infierno real y homenaje a los que quedan atrás. Esa noche en Río Cuarto, con la brisa entre cipreses y la música de Braulio, no fue sólo un lanzamiento: fue un rito de redención.
Créditos: Trabajo periodístico de Roberto González Short y Carmen Solís Hernández.


