Barcelona corrige a tiempo y doblega a un resistente Leganés

Deporte 23 de noviembre de 2019 Por
Con dos goles de pelota parada de Suárez y Vidal, el equipo catalán cierra un 2-1 para sostenerse en la primera posición de LaLiga. Los de Valverde ganan sin convencer y este miércoles reciben al Dortmund por la Champions League.
Fuente: LaLiga Santander.

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¿Víctoria pírrica para el Barcelona? Podría ser, pero al cabo de los noventa minutos el combinado catalán puede conformarse con que alcanzó los tres puntos y sostiene el liderazgo de LaLiga. Pero el actual campeón disimula su pésimo momento con partidos inclasificables como el de Leganés. Ganaron los de Valverde gracias a dos goles a balón parado pero el rastro que dejan los blaugrana es de altísima preocupación. No compareció el Barça como equipo sino como un grupo deslavazado de futbolistas que no se comunica entre sí, que empieza los partidos con una indolencia incomprensible (no será porque no ha habido avisos esta temporada) y los acaba como buenamente puede. El Leganés, colista, hizo un partido decente. Fue todo honestidad. El equipo de Valverde va perdiendo esa virtud jornada a jornada. Consolarse con los tres puntos equivaldrá a negar la evidencia. Jugaron sin alma los visitantes en el campo del último equipo clasificado. Chutaron apenas tres o cuatro veces. Si este vestuario no se analiza a tiempo y reconoce su avería la temporada no acabará bien. Ojo al miércoles. Viene el Dortmund al Camp Nou.

Volvió a dar la sensación de que el equipo blaugrana se cree capaz de ganar los partidos sin aportar un mínimo de intensidad y movilidad. Da igual el dibujo, esta vez un 4-2-3-1: la táctica es papel mojado si no le acompañan las ganas. Impermeables a los avisos (menos Eibar todos los desplazamientos esta temporada han sido deficientes), los jugadores de Valverde se emplean con desidia, en especial una vieja guardia que parece aburrida de jugar al fútbol.

El primer gol del Leganés fue un ejercicio colectivo de dejación de funciones por parte blaugrana, una burla a la profesión de futbolista y a todas en general. Si el cocinero no le pone un mínimo de tesón al asunto el arroz le saldrá incomestible. Pues lo mismo. Si en deporte dejas que tu adversario ataque tu zona siguiéndole con la mirada, con aquella soberbia de quien se cree insuperable cuando hace años que dejaste de serlo, lo más probable es que te hagan daño. El marroquí En Nesyri saldrá en todos los telediarios por su golazo, un bellísimo zurdazo enviado a la escuadra de Ter Stegen. Lo que no saldrá tanto es la génesis de la jugada, la inacción de los rivales ante su avance. Podrá ser el último clasificado el Leganés pero todos sus jugadores tienen una carrera detrás que el Barça despreció. Como en Granada y ante el Levante. Esto no es precisamente nuevo.

Pellizcado en su orgullo por su nuevo entrenador, un perro viejo, Javier Aguirre , el Leganés fue creyendo en ganarle al Barça de Messi, Suárez y Griezmann, ese tridente incomunicado e inoperante. Les acompañó Dembélé esta vez, pero el invento no salió porque, más allá de la innovación, nada funciona cuando no hay convicción.

El primer remate del Barça fue aislado, llegó a la media hora gracias a un cabezazo de Luis Suárez que desvió a córner Cuéllar con una gran parada. De ahí al descanso prosiguió la depresión. Hubo dos jugadas prácticamente consecutivas que ayudan a describir el momento. En la primera Wagué salió valiente de su banda con dos regates limpios, subió la mirada y no encontró a nadie. A nadie. En la segunda un balón perdido por detrás de la defensa pilló a los dos centrales y a Busquets distraídos, como si el 1-0 no demandara un poco de atención. A todo esto Valverde permanecía resguardado en el banquillo. Demasiado frío. Como el clima en Madrid.

Según consigna Vanguardia, el Barça agitó levemente sus constantes vitales gracias al gol de Suárez en el minuto 52. El uruguayo remató en el área pequeña una falta lateral servida por Messi. La acción estuvo precedida por un remate al palo de Piqué en otra jugada a balón parado y por un disparo raso de Messi que blocó Cuéllar, supuestas señales por tanto de una reacción blaugrana que no llegó como se espera cuando hablamos de un presunto grande de Europa.

Valverde movió cosas pero nada surtió un efecto destacable. Primero sacó del campo a Griezmann, un alma en pena, y a Busquets, que dejó de disfrutar sobre el césped no se sabe hace cuánto ya, para introducir a Rakitic y Artruro Vidal. Mutó el dibujo a un 4-3-3 de forma temporal, porque más adelante, con la sustitución de un De Jong desesperado buscando soluciones, se volvió al 4-2-3-1 con Ansu Fati en el campo. Todo palabrería de pizarra sin efectos. El Barça nunca supo atacar, generó constantes embudos con el balón En definitiva, vivió alejado de la claridad y sólo le salvó otra acción a balón parado, esta además con la suerte de su parte. Lanzó un córner Dembélé y un rebote favoreció a Arturo Vidal, que se quedó solo para fusilar. Pareció fuera de juego pero el VAR lo validó porque el último en tocar el balón fue Rubén Pérez. Un golpe de fortuna que no debería tapar otro partido inservible, a efectos de mejora, de los azulgrana.   

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